Utilizo un lenguaje que es producto de la mixtura entre el dibujo, la pintura y el collage. Ellos me proporcionan la fluidez y la inmediatez que me permiten obtener la cadencia adecuada a través de la cual se expresan mis ideas. No parto de una estructura formal o una temática previa. No trabajo a partir de bocetos. Abordo el soporte directamente. Puedo tener una idea, una determinada intención sobre el despliegue que tendrán los materiales en el soporte y a partir de ahí la conformación parcial de la obra se va construyendo con varios actos de elección sucesivos seguidos cada uno de sus concreciones materiales, las cuales van determinando cuales serán los actos de elección siguientes en un entramado progresivo que va madurando la elección que determinará que a ella no le sucederá otra concreción. Creo tener estructuras internas que se fueron formando en un proceso de años, que emergen intuitivamente y se van plasmando en las obras por una adición progresiva generalmente de manera constructiva. Durante este proceso se ponen en juego elementos que producen un entrelazamiento simbólico análogo al del lenguaje poético, el cual nunca da a la obra un sentido cerrado o unívoco. Las ideas se crean en parte en mi mente y en parte en el encuentro del material con el soporte en un juego pendular entre la visión interior y su choque con el exterior, introduciendo el azar en medidas variables y cuya síntesis es el signo visual. Para mí la obra se produce gracias a la unión entre el mundo interior y el mundo exterior, en una suerte de colaboración. El interior y el exterior trabajan juntos con un propósito. La acción que une ambos mundos es el hecho creativo y la obra es su evidencia. Por eso tengo la sensación de que mis obras no vienen de mí sino a través mío, y lo que pasa a través mío es el mundo, y al atravesarme el mundo se tiñe de interioridad, la cual queda plasmada en la obra. Por eso siento que la autoría es compartida. En algunos momentos de mi vida he experimentado una división muy fuerte entre mi mundo interior y el mundo exterior con sus cosas y seres incluidos. Después de un tiempo de mi trabajo en arte, y reflexionando sobre él, me he dado cuenta de que el mismo teje un puente entre el yo y el mundo. Siempre he sentido mi inclinación hacia el arte como una necesidad, pero nunca había podido entender que necesidad ésta saciaba hasta que pude tomar cierta perspectiva para pensar sobre ella y llegar a algunas conclusiones: la separación entre el yo y el mundo; la necesidad de resolver esa separación; el arte como lo que resuelve la separación; la resolución de la separación que crea la obra. Tengo también la idea de que mi obra es una sola y que se ha ido gestando durante toda mi vida. Con esto quiero decir que cada obra individual es interdependiente de las otras, es gestada por las otras y al mismo tiempo las gesta y todas juntas forman parte de un tejido indivisible. Por eso, si bien cada una tiene su vida propia, creo más en el valor del organismo entero.Dentro de ese entrelazamiento mi obra está atravesada por temáticas que persisten con los años. 
Una de esas temáticas tiene que ver con la diferente jerarquía que tiene la representación de los ojos en mi trabajo. Esto se debe creo yo a que, en la relación entre el yo y el mundo, cuando la mirada se posa sobre las cosas se establece cierto tipo de vibración silenciosa. La relación asimétrica entre lo que mira y lo que es mirado, un puente de comunicación que es como un murmullo callado en el que el yo se siente a salvo en la inofensiva vida de lo inanimado. Esa relación se ve transformada radicalmente cuando los ojos se posan sobre otros ojos. Ahora lo que mira se sabe mirado y sabe que el otro sabe que es mirado también y que el otro sabe que lo está mirando. Un tejido infinito de haces que van y vuelven se pone en juego y la tranquilidad y la simpleza de la primera instancia deja lugar a una compleja y dinámica trama por la cual en la relación mundo interior/mundo exterior se abre un abismo cuya extensión es creada por el fluir recíproco de interioridad a interioridad. Por eso los ojos en mi obra tienen creo yo una carga simbólica especial como el signo que da cuenta de la otredad.
No me parece que haya una manera determinada por la cual mis trabajos deban ser abordados por la mirada. Creo que directamente es la mejor manera. Pienso que es la forma en que debe mirarse el arte en general. Como cuando se conoce a una persona por primera vez. Tratando de hacerlo sin preconceptos, haciendo un ejercicio de honestidad intelectual.




























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